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La verdad sobre Niels Bohr y la interpretación de Copenhague: El principio de complementariedad, el problema de la medición y la redefinición de la realidad física

¿Cómo respondió Bohr a 'Dios no juega a los dados'? La complementariedad de ondas y partículas, la indivisibilidad del aparato de medición y el objeto, el mayor punto de inflexión en el pensamiento científico del siglo XX.

Introducción: Una revolución epistemológica en la mecánica cuántica

La mecánica cuántica es una de las teorías físicas más exitosas alcanzadas por el intelecto humano. Los semiconductores, los láseres, la resonancia magnética (IRM) e incluso las computadoras cuánticas modernas: la base tecnológica de nuestra sociedad moderna se fundamenta en las matemáticas de la mecánica cuántica. Sin embargo, detrás de su abrumador éxito práctico, las cuestiones filosóficas y epistemológicas que la mecánica cuántica nos plantea sobre “qué es la realidad (existencia real)” siguen siendo objeto de profundos debates incluso ahora, un siglo después de su nacimiento.

En el centro de esta controversia se erige el físico danés Niels Bohr (1885–1962) y la “interpretación de Copenhague” que él lideró. La visión materialista ingenua de una “realidad objetiva que existe independientemente del observador”, que la física clásica presuponía, se derrumba por completo en el mundo microscópico de la mecánica cuántica. Para integrar el fenómeno aparentemente contradictorio de la dualidad onda-partícula, Bohr propuso el “principio de complementariedad” y argumentó la indivisibilidad del aparato de medición y el objeto medido.

En este artículo, desentrañaremos de manera exhaustiva y desde una perspectiva profundamente académica y detallada cómo nació el principio de complementariedad de Bohr, cómo se forjó en la gran controversia del siglo con Albert Einstein, y qué legado ha dejado a la teoría de la información cuántica y a la filosofía de la ciencia contemporáneas. Esto no es solo una mirada retrospectiva a la historia de la física, sino un viaje a las raíces de la epistemología que pregunta “qué significa para nosotros percibir el mundo”. Desentrañemos la lucha intelectual que Bohr y Einstein libraron en busca de la verdad oculta en las profundidades de la naturaleza.


Capítulo 1: La tormenta en los albores de la mecánica cuántica

1.1 Los límites de la física clásica y el modelo atómico de Bohr

Desde finales del siglo XIX hasta principios del siglo XX, la mecánica clásica y el electromagnetismo clásico se enfrentaron a numerosos “fenómenos inexplicables”. El problema del espectro de radiación del cuerpo negro (catástrofe ultravioleta), el efecto fotoeléctrico y, sobre todo, la estabilidad de los átomos. El modelo atómico de tipo sistema solar propuesto por Ernest Rutherford en 1911 consistía en un núcleo pesado con carga positiva en el centro, alrededor del cual orbitaban electrones ligeros con carga negativa. Sin embargo, según las leyes del electromagnetismo clásico (ecuaciones de Maxwell), una carga en movimiento acelerado, como un movimiento circular, debe emitir inevitablemente ondas electromagnéticas (radiación de frenado) y perder energía. Según los cálculos, el electrón tenía el defecto fatal de colapsar sobre el núcleo en un instante de 10 a la menos 11 segundos. El hecho mismo de que nuestros cuerpos existan de forma estable era una fuerte refutación de la física clásica.

Esta profunda crisis fue salvada en 1913 por el “modelo atómico de Bohr” propuesto por Niels Bohr. Bohr introdujo audazmente la hipótesis cuántica (cuantización de la energía) de Max Planck y la hipótesis del fotón de Albert Einstein, estableciendo las dos siguientes suposiciones revolucionarias:

  1. Postulado del estado estacionario: El electrón solo puede existir en ciertos estados de energía discretos (órbitas), y mientras permanezca en este estado, no emite ondas electromagnéticas incluso si está en movimiento acelerado. Estas órbitas permitidas están determinadas por la condición de cuantización $L = mvr = n\hbar$, donde el momento angular $L$ es un múltiplo entero de la constante de Planck reducida $\hbar = h/2\pi$.
  2. Condición de frecuencia: Solo cuando un electrón transita (lo que se llama “salto cuántico”) de un estado estacionario (energía $E_i$) a otro estado estacionario (energía $E_f$), emite o absorbe un fotón con una energía igual a esa diferencia de energía. Es decir, $E_i - E_f = h\nu$ ($\nu$ es la frecuencia de la luz).

Esta teoría de Bohr derivó teóricamente la serie de Balmer del átomo de hidrógeno (espectro de emisión en la región de luz visible) y la constante de Rydberg con asombrosa precisión, causando conmoción en la comunidad física. Sin embargo, el modelo de Bohr en este punto era transitorio, denominado “teoría cuántica antigua”, y presentaba una limitación, ya que forzaba condiciones cuánticas discontinuas sobre el marco clásico de órbitas espaciales continuas; además, no podía extenderse a átomos multielectrónicos ni explicar la distribución de intensidad de las líneas espectrales. La construcción de una teoría más profunda y universal era urgente.

1.2 La mecánica matricial de Heisenberg y el álgebra no conmutativa

En 1925, la mecánica cuántica experimentó un cambio de paradigma dramático. Werner Heisenberg, un joven genio que investigaba en el instituto de Bohr, tomó la decisión radical de expulsar por completo de la física el concepto visual y clásico de “órbitas electrónicas inobservables”. Construyó una mecánica completamente nueva basada únicamente en cantidades físicas realmente observables (frecuencias de las líneas espectrales y amplitudes de probabilidad de transición).

Esta teoría, completada con la ayuda de Max Born y Pascual Jordan, se denominó “Mecánica matricial” (Matrix mechanics). Aquí, las magnitudes físicas (como la posición $x$ y el momento $p$) no son simples números reales, sino matrices (o operadores) de infinitas dimensiones. Y la característica más impactante de esta mecánica era la “no conmutatividad” (Non-commutativity), en la que alterar el orden de multiplicación de la posición y el momento cambiaba el resultado.

$$ xp - px = i\hbar $$

Esta relación de conmutación, aparentemente extraña, es la ley definitiva que rige el mundo cuántico y que más tarde se convertiría en la base matemática para derivar el principio de incertidumbre. La teoría de Heisenberg rechazó todo tipo de imagen visual e intentó describir la naturaleza utilizando únicamente relaciones puramente algebraicas.

1.3 La mecánica ondulatoria de Schrödinger y su fracaso

Mientras los físicos estaban desconcertados por la matemática abstracta y difícil de la mecánica matricial, Erwin Schrödinger presentó un enfoque completamente diferente en 1926. Desarrolló el concepto de “ondas de materia” (los electrones también tienen propiedades como ondas) propuesto por Louis de Broglie, y derivó una ecuación diferencial parcial a la que deberían someterse las ondas de materia, es decir, la “ecuación de Schrödinger”.

$$ i\hbar \frac{\partial \psi(x,t)}{\partial t} = \left[ -\frac{\hbar^2}{2m}\nabla^2 + V(x) \right] \psi(x,t) $$

Esta “Mecánica ondulatoria” (Wave mechanics) utilizaba ecuaciones diferenciales familiares para los físicos y lograba derivar los niveles de energía del átomo de hidrógeno con mucha más claridad que la mecánica matricial. Más tarde, el propio Schrödinger y Paul Dirac demostraron que la mecánica matricial y la mecánica ondulatoria eran matemáticamente equivalentes por completo.

Schrödinger intentó inicialmente una “interpretación realista” en la que esta función de onda $\psi$ representaba una onda (paquete de ondas) de densidad de carga del electrón en el espacio tridimensional real. Detestaba el concepto discontinuo y espeluznante del salto cuántico, y esperaba poder llevar a la naturaleza de nuevo a una mecánica de ondas continua y determinista. Sin embargo, este intento terminó en fracaso. Según los cálculos, incluso si se representa un electrón como un paquete de ondas localizado, a medida que pasa el tiempo, se determinó que el paquete se dispersaría por todo el espacio. Que un electrón como partícula se propagara por el espacio y desapareciera contradecía los hechos experimentales.

1.4 La interpretación probabilística de Born y el colapso de la causalidad

¿Cómo debería interpretarse la función de onda $\psi$ de Schrödinger? La respuesta definitiva a esta pregunta la dio Max Born en 1926 con la “Regla de Born” (interpretación probabilística).

Born propuso que la función de onda en sí misma es una onda compleja (amplitud de probabilidad) que no se puede observar directamente, y que el cuadrado de su valor absoluto $|\psi(x, t)|^2$ representa la “densidad de probabilidad” de encontrar la partícula en la posición $x$ en el tiempo $t$.

$$ P(x,t) = |\psi(x,t)|^2 = \psi^*(x,t)\psi(x,t) $$

Esta interpretación socavó el paradigma de la física desde sus cimientos. La causalidad determinista (el demonio de Laplace) que gobernaba la física clásica: “si las condiciones iniciales y la ecuación de movimiento están completamente determinadas, el estado futuro se determinará de forma unívoca”, se derrumbó, y se demostró que en el nivel más profundo de la naturaleza habita una “probabilidad fundamental (probabilidad objetiva)”. Dónde aparecerá el electrón se deja en manos de las tiradas de dados que solo Dios conoce. Esta visión probabilística y no determinista del mundo se convirtió en la base de la filosofía de la Escuela de Copenhague, centrada en Bohr, y al mismo tiempo desencadenó una fuerte resistencia de Einstein y otros.


Capítulo 2: El nacimiento del Principio de Complementariedad (Complementarity)

2.1 La declaración en la Conferencia de Como de 1927

En otoño de 1927, cuando la formulación matemática de la mecánica cuántica (mecánica matricial y ondulatoria) estaba a punto de completarse, en el Congreso Internacional de Física celebrado a orillas del lago de Como en Italia con motivo del centenario de la muerte de Alessandro Volta, Bohr proclamó públicamente por fin el “Principio de Complementariedad” (Complementarity principle). Esta fue una conferencia monumental que estableció las bases filosóficas y epistemológicas de la mecánica cuántica.

El mayor dilema al que se enfrentaba Bohr era la paradoja de la “Dualidad onda-partícula” (Wave-particle duality). La luz y los electrones se comportan como “ondas” continuas que forman patrones de interferencia en ciertos experimentos (como el experimento de la doble rendija), y como “partículas”, que son grupos localizados de energía y momento, en otros experimentos (como el efecto fotoeléctrico o la dispersión de Compton). En la intuición clásica, una onda que se extiende continuamente por todo el espacio y una partícula localizada en un solo punto son conceptos completamente mutuamente excluyentes (mutually exclusive) que lógicamente no pueden coexistir.

Los físicos de la época estaban atormentados por la pregunta dicotómica de si el electrón era en realidad una onda o una partícula. Sin embargo, ante esta paradoja, Bohr logró un giro copernicano: en lugar de reducirlo a uno de los dos, aceptó el conflicto en sí mismo como una profunda cualidad de la naturaleza.

2.2 Estructura lógica e implicaciones filosóficas de la complementariedad

La afirmación central del principio de complementariedad es la siguiente.

“Para describir completamente un fenómeno en el mundo microscópico, dos conceptos clásicamente excluyentes entre sí (onda y partícula, o posición y momento) son en realidad necesarios como mutuamente complementarios (complementary)”.

Según Bohr, las descripciones como onda o partícula nunca se aplican a un solo objeto al mismo tiempo. Qué imagen aparece depende por completo de “qué aparato experimental elegimos”. Si construimos un equipo para medir patrones de interferencia, aparecerá como una onda; si construimos un equipo para rastrear su trayectoria, se mostrará como una partícula. En otras palabras, la naturaleza nunca nos muestra su “figura objetiva completa en su conjunto” a la vez, sino que revela solo uno de sus aspectos dependiendo de nuestro cuestionamiento (disposición experimental macroscópica).

Esta idea fue una epistemología profunda que posteriormente, trascendiendo el marco de la física, se debatió mediante analogías con la biología, la psicología y la filosofía oriental (el concepto de Yin-Yang). Cuando Bohr fue galardonado posteriormente con la Orden del Elefante por la Familia Real Danesa, eligió el símbolo del Taijitu (símbolo Yin-Yang) para su propio escudo de armas, con la inscripción en latín “Contraria sunt complementa” (Los opuestos son complementarios).

2.3 Exigencia de clasicidad e indivisibilidad (Indivisibility) de los aparatos de medición

La parte más revolucionaria y críptica del pensamiento de Bohr es la “exigencia de una descripción clásica del aparato de medición” y la “indivisibilidad entre el aparato de medición y el objeto medido”.

Nosotros, los humanos, somos habitantes del mundo clásico macroscópico. Para reconocer y recordar los resultados de las mediciones y comunicarlos a otros científicos en un lenguaje objetivo, inevitablemente debemos emplear los conceptos y el lenguaje de la física clásica, como “reloj”, “regla”, “posición” y “momento”. Bohr insistió firmemente en que “independientemente del experimento de mecánica cuántica que sea, la descripción de sus resultados debe hacerse en términos clásicos”.

Sin embargo, una vez que se configura un determinado aparato de observación (por ejemplo, un microscopio de rayos gamma de alta resolución para medir rigurosamente la posición de un electrón), se produce una interacción cuántica entre el aparato de observación (macro) y el objeto (micro). Dado que la constante de Planck $h$ tiene un valor finito no nulo, esta interacción provoca una “perturbación” incontrolable e irreversible. Por lo tanto, el aparato de medición y el objeto medido ya no se pueden separar como dos sistemas independientes, formando un único “fenómeno completo (whole phenomenon)” indivisible.

Para Bohr, preguntar “en qué estado se encuentra el electrón en sí mismo cuando no está siendo observado” era una pregunta científicamente carente de sentido. El único objeto del que la física puede hablar significativamente es “todo el fenómeno indivisible, incluida la interacción con aparatos experimentales macroscópicos específicos”. La realidad no existe aislada de la observación. Aquí es donde el realismo clásico fue completamente destrozado.


Capítulo 3: El Gran Debate Einstein-Bohr

3.1 La 5ª Conferencia Solvay (1927): El choque de titanes y los dados de Dios

En la misma época en que se estaba consolidando la interpretación de Copenhague, fue Albert Einstein quien presentó una fuerte objeción en su contra. A pesar de haber sentado las bases de la teoría cuántica con su hipótesis del cuanto de luz, Einstein rechazó categóricamente la interpretación probabilística y las consecuencias antirrealistas de la mecánica cuántica.

“No puedo creer que Dios juegue a los dados con el universo (God does not play dice with the universe).”

Esta célebre frase suya era expresión de su profunda convicción filosófica que defendía el determinismo estricto y la existencia de una realidad física objetiva independiente del observador. Aunque Einstein reconocía que la mecánica cuántica predecía correctamente los resultados experimentales, consideraba que era solo una “descripción incompleta (una teoría estadística incompleta)” de la naturaleza, y que detrás debía haber una verdadera teoría determinista oculta.

En la 5ª Conferencia Solvay celebrada en Bruselas en 1927, se inició el gran debate entre Einstein y Bohr, que brillará eternamente en la historia de la ciencia. Entre bastidores de las sesiones oficiales de la conferencia, ambos protagonizaron intensos intercambios de experimentos mentales desde el comedor del hotel por la mañana hasta el salón por la noche.

Cada mañana, Einstein presentaba ingeniosos y elaborados experimentos mentales diseñados para demostrar las contradicciones de la interpretación de Copenhague (en particular, violaciones del principio de incertidumbre de Heisenberg), acorralando a Bohr y a sus jóvenes discípulos (Heisenberg, Pauli, Dirac, etc.). Sin embargo, Bohr pasaba todo el día pensando arduamente, a veces mostrando desesperación, pero siempre, a la hora de la cena, encontraba los fallos ocultos en el experimento mental de Einstein y lograba demostrar a la perfección la validez del principio de incertidumbre y la complementariedad.

3.2 Doble rendija móvil y momento de retroceso

Uno de los experimentos mentales representativos presentados por Einstein fue el experimento de la doble rendija utilizando una “primera rendija móvil” que no estaba fijada a una pantalla.

El argumento de Einstein: En un experimento normal de doble rendija, no es posible saber por qué rendija, A o B, pasó el electrón (información de la ruta), por lo que se forma un patrón de interferencia ondulatoria en la pantalla. Sin embargo, suspendamos la primera rendija (rendija única) con un resorte para que sea móvil. Dependiendo de si el electrón atraviesa la primera rendija y se dirige a la rendija superior A o a la rendija inferior B, la dirección del “momento de retroceso (patada)” impartido a la primera rendija es diferente. Por lo tanto, si medimos con precisión el momento de la primera rendija antes y después de que pase el electrón, podemos identificar con total certeza por cuál de las dos rutas, A o B, viajó el electrón. Si la ruta se puede identificar, el electrón se ha comportado como una “partícula”. Pero, al mismo tiempo, dado que la estructura de las rendijas en sí no ha cambiado, el patrón de interferencia (naturaleza ondulatoria) en la pantalla también debería seguir observándose. ¡Esto significa que las imágenes de ondas y partículas se sostienen simultáneamente, rompiendo el principio de complementariedad!

La refutación de Bohr: Bohr señaló de inmediato que la rendija móvil, siendo un aparato de medición, también es una entidad física y debe regirse por las leyes de la mecánica cuántica (el principio de incertidumbre). Para identificar la ruta midiendo el momento de retroceso $p$ de la rendija, se debe medir el cambio de momento $\Delta p$ con una precisión extremadamente alta. Sin embargo, debido al principio de incertidumbre $\Delta x \Delta p \ge \hbar/2$, cuanto más se intente medir el momento $p$ de forma precisa, más aumentará la incertidumbre de la posición $\Delta x$ de la rendija. Si la posición inicial de la rendija se vuelve incierta, la “diferencia del camino óptico” desde la primera rendija, a través de las rendijas A y B, hasta la pantalla también se vuelve incierta. En el momento en que esta incertidumbre en la diferencia de camino óptico alcanza la escala de la longitud de onda $\lambda$, las crestas y valles del patrón de interferencia se superponen y, como resultado, el patrón de interferencia en la pantalla se difumina por completo y desaparece (haciéndose una distribución uniforme). En otras palabras, en el instante en que introducimos un “dispositivo para obtener información de la ruta (naturaleza de partícula)”, el “patrón de interferencia (naturaleza de onda)” inevitablemente se destruye. La naturaleza nunca permite contradicciones. El principio de complementariedad se defendió a la perfección.

3.3 La 6ª Conferencia Solvay (1930): La milagrosa refutación de Bohr y la “Caja de fotones”

En la 6ª Conferencia Solvay en 1930, Einstein trajo un experimento mental aún más sofisticado y decisivo, la “Caja de fotones (Photon Box)”. Era una trampa temible diseñada para violar directamente la relación de incertidumbre de tiempo-energía $\Delta E \cdot \Delta t \ge \hbar/2$.

La propuesta de Einstein: Imaginemos una caja llena de fotones y provista de un obturador controlado por un reloj de precisión. Pesamos la caja con tremenda exactitud mediante un resorte. A la hora indicada $t$, el reloj se activa, abre el obturador por un instante y un solo fotón escapa de la caja. Luego, pesamos la caja de nuevo. Según la fórmula de la equivalencia entre masa y energía de la teoría de la relatividad especial, $E=mc^2$, si medimos la disminución de la masa de la caja $\Delta m$, podemos calcular estrictamente el cambio en la energía $\Delta E = \Delta m c^2$ del fotón emitido. Por otra parte, como el momento de la emisión del fotón está estrictamente determinado por el reloj dentro de la caja, la incertidumbre del tiempo $\Delta t$ puede ser cero. Por lo tanto, ambas cantidades, energía y tiempo, se pueden determinar con cualquier grado de precisión al mismo tiempo, y el principio de incertidumbre se derrumba. ¡La mecánica cuántica está incompleta!

Este brillante argumento dejó a Bohr profundamente consternado y sin palabras. Leon Rosenfeld, un participante de la conferencia, registró vívidamente la situación en ese momento: “Bohr palideció y estaba muy agitado. Dando vueltas, intentando convencer a todos los que veía, murmurando que Einstein no podía tener razón. Pero él no podía encontrar ni siquiera el comienzo de una refutación. Por contraste, Einstein lucía alto y majestuoso con una serena sonrisa de triunfo.”

A la mañana siguiente, tras una noche de desvelo pensando arduamente, Bohr presentó una refutación milagrosa que quedaría para la historia. Curiosamente, el arma que utilizó fue la obra maestra concebida por el propio Einstein: la “Teoría de la Relatividad General”.

La estructura lógica de la refutación milagrosa de Bohr:

  1. Para medir el peso de la caja con precisión, es necesario medir el desplazamiento del indicador de la balanza de resorte $q$. Para realizar esta medición, la caja en sí debe sostenerse en un campo gravitatorio, lo que genera una incertidumbre en el momento $\Delta p$ y una incertidumbre en la posición $\Delta q$ de la caja. Estas obedecen el principio de incertidumbre de Heisenberg $\Delta q \Delta p \ge \hbar$.
  2. Cuando la caja se mueve arriba y abajo una distancia $q$ en el campo gravitatorio (aceleración $g$), de acuerdo a la teoría de la relatividad general (principio de equivalencia), el potencial gravitatorio cambia. El cambio en el potencial gravitatorio altera el “ritmo del reloj (la marcha del tiempo)” que se encuentra dentro de la caja (desplazamiento al rojo gravitacional).
  3. Esta incertidumbre en el retraso del tiempo inducido por la gravedad $\Delta T$ se puede expresar, usando el tiempo $T$ de la medición, como $\Delta T = T \frac{g \Delta q}{c^2}$.
  4. Por otra parte, la incertidumbre de la masa $\Delta m$ se puede evaluar a partir de la relación de impulso como $\Delta p \approx g T \Delta m$.
  5. Por lo tanto, la incertidumbre de la posición es $\Delta q = \frac{c^2 \Delta T}{g T}$, y la incertidumbre del momento es $\Delta p = g T \Delta m = g T \frac{\Delta E}{c^2}$.
  6. Sustituyendo estos valores en la relación de incertidumbre de la posición y el momento $\Delta q \Delta p \ge \hbar$, obtenemos: $$ \left(\frac{c^2 \Delta T}{g T}\right) \left(g T \frac{\Delta E}{c^2}\right) \ge \hbar $$ $$ \Delta T \Delta E \ge \hbar $$ ¡Sorprendentemente, al incorporar las propias ecuaciones de la relatividad general de Einstein, se dedujo perfectamente la relación de incertidumbre tiempo-energía!

Einstein quedó profundamente impresionado de que su propio experimento mental fuera refutado mediante el uso de su relatividad general y finalmente reconoció la “coherencia interna (falta de contradicción)” de la mecánica cuántica. Sin embargo, nunca accedió durante su vida a que la mecánica cuántica fuera una “descripción completa” de la naturaleza, y posteriormente, con el artículo EPR (Paradoja Einstein-Podolsky-Rosen) de 1935, señaló la no localidad del “entrelazamiento cuántico”, desplazando el principal campo de batalla del debate a un nivel mucho más profundo.


Capítulo 4: El esqueleto matemático y conceptual de la interpretación de Copenhague

Los argumentos filosóficos sobre la complementariedad presentados por Bohr recibieron posteriormente una estricta formulación matemática en espacios de Hilbert gracias a John von Neumann y Paul Dirac, estableciéndose como la llamada “Interpretación estándar de Copenhague”.

4.1 El postulado de proyección de Von Neumann y el colapso de la función de onda

En 1932, John von Neumann formuló en su célebre libro Fundamentos Matemáticos de la Mecánica Cuántica que existen dos procesos de evolución temporal fundamentalmente diferentes (leyes dinámicas) en los sistemas cuánticos.

  1. $$ i\hbar \frac{\partial}{\partial t} |\psi(t)\rangle = H |\psi(t)\rangle $$
  2. Proceso de tipo 2 (Medición proyectiva / Proceso R): En el instante en que ocurre una observación, el vector de estado “colapsa (salta)” de forma discontinua, irreversible y probabilística hacia uno de los estados propios (vectores propios) $|a_i\rangle$ de la magnitud física (operador hermitiano) que está siendo observada. A esto se le llama el colapso de la función de onda (collapse of the wave function) o postulado de proyección. La probabilidad de que el estado colapse a $|a_i\rangle$ está dada por la regla de Born: $P_i = |\langle a_i | \psi \rangle|^2$.

Este cambio abrupto y discontinuo del “colapso de la función de onda” constituye el mayor enigma de la mecánica cuántica, núcleo del notorio “Problema de la medición (Measurement Problem)”. Dentro del marco de una ecuación lineal como la ecuación de Schrödinger, es totalmente imposible derivar este “colapso” no lineal. ¿Acaso el colapso no es más que una suposición ad-hoc impuesta desde el exterior en lugar de surgir naturalmente de la teoría misma? Dado que el aparato de medición también es una colección de átomos y debería obedecer a la ecuación de Schrödinger, ¿por qué entra en acción otra ley física (el proceso de tipo 2) únicamente en el momento de la medición? Esta paradoja atormentará eternamente a los físicos.

4.2 El corte de Bohr (Bohr’s Cut)

Un sistema cuántico (micro) entra en un estado de superposición regido por la ecuación de Schrödinger, mientras que el aparato de medición (macro) tiene un estado claro y único gobernado por la física clásica. Entonces, en este mundo, ¿dónde exactamente termina el “sistema cuántico” y comienza el “aparato de observación clásica”? El problema de dibujar esta línea divisoria se conoce como el “Corte de Bohr” (Bohr’s cut) o “Corte de Heisenberg”.

Según la postura de Bohr y su grupo, la posición exacta de este corte no está determinada por necesidad física objetiva y es, hasta cierto punto, “arbitraria (móvil)”. Se puede hacer el corte entre el electrón que se mide y el microscopio, tratando el microscopio como un sistema clásico; o bien, se puede desplazar el corte para incluir al microscopio dentro del sistema cuántico (estado de superposición) y colocar la división entre el ordenador que lee el microscopio y el observador humano. Von Neumann demostró matemáticamente que, sin importar dónde se mueva el corte, las probabilidades de los resultados observados que se predicen coinciden perfectamente (consistencia).

Lo importante es el imperativo epistemológico de que, para describir fenómenos físicos a través del lenguaje, “debe hacerse necesariamente un corte artificial en algún lugar para separar el sujeto que observa (lado clásico) del objeto observado (lado cuántico)”. No existe una frontera absoluta en el mundo por sí mismo.

4.3 El problema del amigo de Wigner y la conciencia del observador

Eugene Wigner empujó la “arbitrariedad del corte” de Von Neumann hasta el límite. Si seguimos desplazando el corte de Bohr desde el instrumento de medición, a la computadora, a la retina humana, al nervio óptico y hacia el interior del observador, finalmente el “corte” inevitablemente alcanzará el cerebro humano, o la “conciencia (Mind)” inmaterial.

Wigner propuso el siguiente experimento mental (el amigo de Wigner). Dentro de un laboratorio cerrado, el “amigo” de Wigner realiza una medición de un sistema cuántico (por ejemplo, midiendo el espín). Desde la perspectiva de Wigner fuera del laboratorio, el amigo en su interior es en sí mismo un agregado de átomos, de modo que justo después de la medición, se debería hallar en un gigantesco entrelazamiento cuántico (superposición) entre “el estado en que el amigo ve el espín hacia arriba” y “el estado en que el amigo ve el espín hacia abajo”. ¿Cuándo sucede verdaderamente el colapso de la función de onda? ¿Cuando la conciencia del amigo registra el resultado? ¿O colapsa por primera vez todo el universo en el instante en que Wigner abre la puerta, interroga a su amigo por el resultado, y la “conciencia” de Wigner mismo es la que lo registra?

Esta “Interpretación Von Neumann-Wigner” introdujo un elemento sumamente subjetivo, no físico y ocultista como es “la conciencia humana” en la física, enfrentándose al intenso rechazo de numerosos físicos. No obstante, esto ilustra de la manera más aguda el problema de la “dependencia del observador” inherente a la interpretación de Copenhague, un dilema que aún hoy sigue discutiéndose en los cimientos cuánticos.


Capítulo 5: Retadores de la Interpretación de Copenhague

Mientras que la interpretación de Copenhague reinó durante mucho tiempo en la comunidad de la física como la ortodoxia, y dominaba el pragmatismo resumido en el lema “Calla y calcula (Shut up and calculate)”, los físicos profundamente insatisfechos por su ambigüedad filosófica y por lo antinatural del “colapso de la función de onda” han venido formulando diversas interpretaciones y teorías alternativas.

5.1 La teoría de la onda piloto de De Broglie-Bohm (Teoría de variables ocultas)

Propuesta por Louis de Broglie y refinada por David Bohm en 1952, esta es una de las “Teorías de variables ocultas” (Hidden-variable theory) más destacadas. En esta teoría se concibe que en el mundo existen simultáneamente, no solo funciones de onda, sino “partículas reales (corpúsculos)” poseedoras de trayectorias definidas.

$$ Q = -\frac{\hbar^2}{2m} \frac{\nabla^2 R}{R} \quad (\psi = R e^{iS/\hbar}) $$

En esta interpretación, el universo es completamente determinista, al igual que en la mecánica newtoniana. Incluso en el experimento de la doble rendija, la partícula atraviesa siempre una sola rendija, pero la onda piloto pasa a través de ambas, interfiere entre sí y desvía la trayectoria de la partícula, formando un patrón de interferencia sobre la pantalla. No se precisa el colapso de la función de onda, y las probabilidades surgen simplemente de nuestra ignorancia sobre la posición inicial de la partícula, siendo esta una “variable oculta”.

Sin embargo, hacer que la teoría funcione requiere pagar un alto precio. Dado que el potencial cuántico $Q$ no se debilita a la distancia, un cambio en el estado de una partícula al otro extremo del universo alterará instantáneamente las trayectorias de otras partículas. Es decir, se debe asumir una “no localidad (non-locality)” sumamente potente. Por añadidura, su conciliación con la Teoría de la Relatividad Especial es sumamente compleja.

5.2 La Interpretación de los Múltiples Mundos (MWI) de Everett

En 1957, Hugh Everett III adoptó un enfoque radical y bello con el que erradicó por completo de la teoría el mayor punto débil de la interpretación de Copenhague, “el colapso de la función de onda (proceso tipo 2)”. Se trata de la Interpretación de los Muchos Mundos (Many-Worlds Interpretation: MWI).

Everett propuso que existe una sola y gigante “función de onda universal (Universal wave function)” para describir el cosmos al completo, la cual prosigue su evolución puramente determinista obedeciendo en todo momento solo la ecuación de Schrödinger (proceso de tipo 1). Cuando ocurre una observación, en vez de ocurrir el colapso de la onda, el objeto medido y el observador (así como el entorno) entran en un estado entrelazado, y todo el universo experimenta una “ramificación” (branching) coincidiendo con los diversos componentes de la superposición.

En el caso del experimento del gato de Schrödinger, tanto “el mundo con el gato vivo” como “el mundo con el gato muerto” adquieren una existencia paralela en tanto que realidades físicas separadas. El observador dentro de cada mundo ramificado, debido al entrelazamiento, percibe un único resultado, ignorando por completo la presencia de los mundos paralelos con los que es incapaz de interferir. La MWI es profundamente elegante y simplificada porque requiere exclusivamente de la ecuación de Schrödinger como formulación matemática, pero encuentra constante resistencia filosófica, puesto que postula el coste ontológico monumental de “un universo multiplicándose hasta el infinito con cada nueva observación”.

5.3 Teoría del colapso objetivo de Roger Penrose (OR)

Frente a la MWI que desecha el colapso de la función de onda como una ilusión, las “Teorías de Colapso Objetivo” (Objective Collapse Theory) aseveran que “el colapso se está originando objetivamente como un mero proceso físico desvinculado de la observación y conciencia humana”. Ejemplos típicos de este enfoque incluyen el modelo GRW.

En particular, el “modelo de colapso inducido por la gravedad (modelo Diósi-Penrose)”, expuesto por el ganador del Premio Nobel de física Roger Penrose, resulta muy único y a gran escala. Según Penrose, cuando un objeto masivo existe en superposición en distintas posiciones del espacio, representa, desde la perspectiva de la relatividad general, una “superposición en distintas geometrías de espacio-tiempo”. Sin embargo, tal superposición en las estructuras espaciotemporales es en extremo inestable y, conforme a la energía propia de gravedad $E_G$ generada por la diferencia en la distribución de la masa, se producirá un colapso espontáneo (y objetivo) a uno de los dos estados tras decursar un cierto periodo temporal $\tau \approx \hbar / E_G$. Es una aproximación asombrosa que se empareja de lleno al enorme reto inconcluso de aunar la Mecánica Cuántica con la Teoría de la Relatividad General (Gravitación Cuántica) y que se amarra también con el intento de razonar la conciencia humana bajo los efectos cuánticos microtubulares sugeridos por Penrose y Hameroff (Teoría Orch OR).

5.4 Teoría de la Decoherencia Cuántica

Desde los años 70, las investigaciones de Heinz-Dieter Zeh, Wojciech Zurek y otros han logrado concretar el concepto de la “Decoherencia Cuántica” (Quantum Decoherence). Esta es una teoría cuyo objetivo pone el foco en que un sistema cuántico no se halla en total aislamiento sobre el vacío, sino interactuando sin pausa con un vasto entorno ambiental exterior (como fotones, moléculas del aire, baño térmico, etc.).

Al vincularse al ambiente en una interacción, se forja de súbito el entrelazamiento, propagándose la información de fases (o efecto de interferencia) intrínseca de lo cuántico al entorno, extraviándose al dispersarse vertiginosamente. Mediante la decoherencia, un caso macroscópico superpuesto como aquel del Gato de Schrödinger resulta súbitamente privado de su interferencia, tornándose aparentemente indiferenciable respecto a la distribución probabilística clásica (estado mezclado). Debido a esto, se dotó de una portentosa clarificación cuantitativa de cara a la incógnita de la conversión hacia el límite clásico o “¿por qué nuestra cotidianeidad macroscópica experimenta un comportamiento estrictamente clásico?”.

A pesar de lo anterior, es clave recordar que la decoherencia aclara solo “el esfumarse de los términos de interferencia” (la apariencia del colapso) y no resuelve por su cuenta la magna cuestión última de “por qué la certidumbre derivó precisamente a este resultado singular entre el repertorio de múltiples eventualidades clásicas posibles (Single outcome problem / problema de la medición)”. Consecuencia de ello es que la decoherencia opere junto a otra interpretación teórica, figurando usualmente como el eslabón causal en las ramas en la interpretación de Múltiples Mundos.


Capítulo 6: El legado de Bohr y el giro epistemológico en el siglo XXI

Dentro de la física de la era moderna, no existe propiamente un solo dogma concluyente llamado “Interpretación de Copenhague”. Si bien los teóricos la aprovechan en general para cálculos de naturaleza utilitaria, las filiaciones relativas a la comprensión están diversamente desperdigadas, dividiéndose entre facciones de múltiples mundos o adeptos de variables recónditas. A pesar de esto, la honda intuición filosófica de Bohr jamás pereció en el polvo de la historia; al contrario, su armazón ha vuelto a erigirse transformado en la avanzada fronteriza del pensamiento sobre información cuántica en el presente siglo XXI.

6.1 QBism (Bayesianismo Cuántico)

El QBism (Quantum Bayesianism), desarrollado por Christopher Fuchs y otros, es una aproximación que ha agudizado la faceta “subjetiva y epistemológica” de la interpretación de Copenhague hacia el extremo, abordándolo por el carril de la teoría contemporánea de la información.

En el seno del QBism, la función de onda nunca llega a simbolizar una “realidad física objetiva”. Representa un mero manual de usuario, o herramienta matemática, que un agente (observador) dado aplica con objeto de calcular el “grado personal de convicción (previsión probabilística)” relativa a los resultados de medición futuros, basado en la información que posee. Que el paquete de ondas colapse tras la observación no equivale a ningún cambio físico real acaecido en el mundo, sino simplemente a que el agente, a través de la medición, ha obtenido nueva información y ha actualizado su probabilidad bayesiana (creencia).

Con la absorción inquebrantable de tal postura antirrealista, las flagrantes contradicciones de Wigner y su amigo, aunadas con el enigma del postulado EPR sobre “influjos distantes fantasmagóricos (acciones no locales)”, se ven categóricamente erradicadas. ¿Por qué? Porque lo que se actualiza es únicamente la información y la creencia en la mente del agente, y no significa que ninguna influencia física salte a través del espacio propagándose. El QBism puede considerarse el heredero más puro y radical del pensamiento de Bohr de que “la física no trata sobre cómo es la naturaleza, sino sobre qué podemos decir nosotros acerca de la naturaleza”.

6.2 Mecánica Cuántica Relacional (RQM)

La Mecánica Cuántica Relacional (Relational Quantum Mechanics: RQM), de la mano de Carlo Rovelli, pionero tras la gravitación cuántica de bucles, prosigue el camino conceptual forjado por Bohr referente a la complementariedad y la indivisibilidad, ampliándolo y relativizándolo de forma relacional.

De manera análoga a como la Teoría de la Relatividad de Einstein afirmaba que “no existe un tiempo o espacio absolutos, y la velocidad y el tiempo siempre son relativos al observador”, Rovelli sostiene que en la mecánica cuántica tampoco existe un “estado absoluto del sistema”. El estado de un sistema físico se define únicamente en relación con otro sistema físico (el observador) que interactúa con él. Por lo tanto, mientras para el observador A la medición puede haber concluido y el paquete de ondas colapsado, para otro observador B que ignora este intercambio, el sistema y el observador A pueden seguir encontrándose en un enorme estado de superposición. Ambas descripciones no entran en contradicción. Oscilando entre el realismo y el antirrealismo, es un enfoque que considera no a la sustancia, sino a la propia red de “relaciones (relations)” del mundo como la realidad fundamental, portando incluso resonancias de la filosofía oriental.

6.3 Conclusión: El giro epistemológico de Bohr y nuestra realidad

El núcleo de la interpretación de Copenhague que Niels Bohr exploró a lo largo de su vida no fue una simple estipulación de reglas matemáticas de la mecánica cuántica, sino un verdadero “Giro epistemológico (Epistemological turn)” filosófico.

En el pasado, Immanuel Kant argumentó en su Crítica de la razón pura que los humanos solo pueden reconocer los “fenómenos” constituidos a través de los sentidos, y nunca pueden alcanzar la “cosa en sí (Ding an sich)” que yace detrás de ellos. La profunda intuición del principio de complementariedad y el problema de la medición de Bohr puede considerarse el giro kantiano exacto dentro de la física moderna. Jamás podremos representar directamente el mundo microscópico del cuanto, “la cosa en sí”, empleando los conceptos clásicos (posición, trayectoria, continuidad) que utilizamos cotidianamente. Lo único que nos está permitido es integrar y comprender los fenómenos fragmentarios que aparecen a través de la “ventana” del aparato de medición macroscópico, enmarcándolos dentro de la estructura lógica complementaria de onda y partícula.

Las siguientes palabras legadas por Bohr siguen resplandeciendo hasta nuestros días como uno de los conocimientos más profundos y humildes de la historia del pensamiento humano frente a la pregunta fundamental de qué es la ciencia y qué es la realidad.

“La tarea de la física no es descubrir cómo es la naturaleza. La tarea de la física es descubrir lo que nosotros podemos decir sobre la naturaleza.” (Niels Bohr)

La mecánica cuántica nos ha enseñado cuán extraña y rica es la naturaleza, y cuán limitadas son nuestras ingenuas intuiciones humanas. La exploración en torno a la interpretación de Copenhague trasciende con creces el ámbito disciplinario de la física y seguirá siendo una fuente inagotable de reflexión filosófica eterna acerca de cómo los humanos percibimos este vasto universo y cómo podemos hablar de él a través del lenguaje. El legado de Bohr, forjado en la interminable conversación con Einstein, seguirá vivo inspirando sin cesar a los científicos del futuro.

(Fin)

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